Ahora que el gobierno argentino se ha puesto estupendo con el made in Spain, y que a nivel oficial (¿qué pensarán los ciudadanos?) han decidido cortar el grifo a las importaciones de jamón ibérico (¡por diooo, no se les ocurra aquí en venganza cortar con el Dulce de Leche!), se me ocurre que lo de poner barreras al intercambio cultural de las experiencias y disfrutes gastronómicos de los pueblos es una mala jugada. ¡Pero si el intercambio y el mestizaje de culturas es enriquecedor!
Que se lo digan a Marco Polo, cuya lectura me atrevo a recomendar como referencia gastronómica. Sí, es un libro de aventuras y batallas. En la superficie. Es un hermoso cuento-diario de cómo un viaje en busca de seda, especias y otros productos idolatrados por el comercio y los paladares en siglos pasados puede ser un gran escaparate de costumbres cotidianas. Y entre esas costumbres está el comer y el beber.
Al margen de poner el libro en manos infantiles y juveniles, los adultos enredados en aventuras gastronómicas en todos los formatos pueden bucear sin aburrirse entre las historias del intrépido Marco Polo. Pueblos que vivían de la sal, de la pimienta, de la caza, de hierbas y frutas extrañas para el viajero, enseñaban que lo exótico deja de serlo cuando se globaliza. Esos comerciantes que en sus idas y venidas, sin saberlo, estaban sembrando fusión cultural en mercados y hogares. De esa fusión, de esos viajes de conquistadores y descubridores de mundos nuevos nos hemos ido nutriendo y aún nos nutrimos. ¿Cuánto de Asia, América y Oceanía consumimos en la viejuna y azotada por la crisis Europa?
Lo de Marco Polo es un viejo, pero interesante cantar (cómo enseñan las bibliotecas y hemerotecas, en papel o en Internet), pero hay quienes -aparte de los gastroturistas internacionales que se traen las maletas llenas de curiosidades- se dedican a trotar por el mundo en busca de sabores y tendencias. Un buen ejemplo: los food trend trotters. De esas experiencias privadas (que también saltan al ciberespacio y las redes sociales) luego se surten las estanterías de los supermercados.




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