Maguro de juguete. Kit para despiezar un atún

'Maguro toy' / Hobbystock.jp

Quienes se maravillen ante el despiezado de un atún (ronqueo, como se llama por tierras españolas y que abunda últimamente en ferias culinarias) pueden practicar este arte en casa. ¿Y a quién se le ha ocurrido el kit del perfecto cortador de atún? A un japonés, sí. Un vendedor de pescado del famoso mercado Tsukiji de Tokio, el mayor del mundo, todo un delirio de productos marinos donde increíblemente no apesta a pescado y la frescura significa comprar la pieza viva (salvo los atunes, ¡ay, tantos mediterráneos con etiqueta nipona!, que también lucen congelados).

Pues bien, Kazuyoshi Watanabe es la mente que ha parido un maguro (atún) de juguete, producido por la empresa Hobby Stock, según cuenta la interesante web de diseño y cultura japonesa Spoon&Tamago.  El kit atunero, que ha salido hace pocos días al mercado nipón, cuesta 29,400 yens (unos 228 euros) y puede encontrarse incluso en Amazon.

El atún desarmable con su mesa y el cuchillo de despiece. / Hobbystock.jp

El pequeño maguro (obviamente no es una espectacular pieza real de 400 kilos) creado por Watanabe san mide 330 milímetros de largo, 120 mm de altura, 75 mm de ancho. Viene en una caja similar a las que se usan para guardar las piezas. Está fabricado con todo realismo y el cuerpo se puede deshacer y recrear en 10 piezas. El kit del corte de atún (maguro no kaitai) incluye también una reproducción a escala de las mesas de madera usadas en Tsukij y una versión mini del maguro bōchō, o largo cuchillo (más fino que una katana) para cortar el atún.

Piezas del atún de juguete para armar. / Hobbystock.jp

Se supone que el juguete está destinado a que el público infantil conozca los entresijos de ese pescado tan omnipresente en el , pero los mayores caprichosos también pueden entretenerse con ello. O cabrearse, dado lo esquilmados que están los atúnidos por el capricho/moda mundial del pescado crudo y del atunero.

'Maguro no kaitai'. Despiece de atún en Tsukiji. Tokio. / ROSA RIVAS

Y he aquí unos bocados de realidad, captados por mí en una de las visitas de madrugada al mercado tokiota de Tsukiji: un ejemplar que no es para jugar, unas piezas cuyo sabor se te queda en la memoria y que, de vuelta a tu país, hace que no vuelvas a probar sushi o sashimi en meses. Las comparaciones de calidad siempre son odiosas.

'Secreto' de atún, carne de las 'costillas', tierna y suave como la mantequilla. Tsukiji, Tokio. / ROSA RIVAS

 

Pieza de atún en 'rigor mortis' y las armas de fileteado. Listo para sushi de madrugada. Tsukiji. Tokio. / ROSA RIVAS

Una cafetera en el campo

La cafetera portátil Nomad (tm). No se ve a los excursionistas porque están invitando a café a las ardillas.Para los caprichos no hay límites. Y si no os importa salir de excursión con todos los cacharros gourmets de comida y bebida a cuestas, os podéis llevar la cafetera. ¡Un espresso portátil! Más bien, como su propio nombre indica, Nómada.  Así, Nomad, se llama el invento de Vincent J. Chen (sí, un asiático) y Curt Morgan, dos científicos y cafeteros empedernidos que han unido en Estados Unidos sus mentes inventivas.

Ni cápsulas originales o sucedáneas, solo una bolsita de café, agua… y la fuerza de vuestras manos. Porque para activar este cacharro –nacido como un “producto ecológico”-  no hay que pulsar un botón. Insisto que no es para cómodos. Si como dice el anuncio lo queréis llevar de vacaciones, tenéis que cargarlo (pesa poco más de un kilo) y ejercitar los brazos. Luego la recompensa es la tacita de café con sabor a entorno natural.

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La cocinera (rebelde) del presidente

La cocinera francesa Danièle Delpeuch, en Sandó by Arzak, Madrid. / Rosa Rivas

La cocinera francesa Danièle Delpeuch, en Sandó by , Madrid. / Rosa Rivas

Unos 25 años después de su paso por las cocinas del Elíseo, como chef privada del presidente francés François Miterrand, Danièle Delpeuch está reviviendo su pasado en la vorágine promocional de la película La cocinera del presidente, que se estrena en España.

Dirigido por Christian Vincent (amante de los buenos y la comida) y con Philip Rousselet en la producción, uno de los artífices de que la historia de elBulli sea convertida en película de Hollywood, La cocinera del presidente es un filme gastronómico con mucha miga.

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Para alegría de la chef inspiradora (amiga además de la actriz que la encarna “de forma realista”, Catherine Frot), la trama se centra más en su vida profesional que en la personal. “Que yo llegara a los fogones del Elíseo fue como una bofetada tremenda”, dice Delpeuch. Un sopapo al clasicismo-machismo reinante, tanto en palacio como en los templos gastronómicos.

Una oportuna recomendación del prestigioso (y abierto a las tendencias culinarias) Joël Robuchon hizo realidad los deseos del presidente de la República francesa de contar con una cocinera de platos sencillos, de la comida casera sin engolamientos. Y Daniel Delpeuch salió de su reino de trufas del Périgord para plantarle en la mesa a un veterano Jefe del Estado el paisaje de los sabores familiares. Se peleó como una loba con los burócratas de palacio y los estrictos funcionarios del Elíseo –“tienen unas reglas militares”, recuerda– para ejecutar una cocina personal, con defensa a ultranza de los pequeños productores franceses y los ingredientes frescos de calidad, aunque alterara el presupuesto oficial y retara a los nutricionistas que medían las calorías de los platos presidenciales. Y venció las resistencias del hervidero masculino. “Estoy convencida de que mi estancia allí tuvo influencia. Al menos 40 mujeres lograron entrar de stagiers (ayudantes-aprendices), pero ninguna se quedó de jefa de cocina. Yo he sido la única”, lamenta.

Pero, zancadillas aparte, su paso por el Elíseo fue fructífero: “Fue como una escuela. Miterrand era un gran gourmet, me hizo ir a mis fundamentos culinarios. Me brindó libros de cocina antiguos, pude leer y aprender muchísimo”, dice esta autodidacta de 70 años que se lanzó a los fogones cuando era veinteañera bebió de la sabiduría de las mujeres de su familia y su terruño. “Toda mi vida he luchado porque los granjeros y productores sean reconocidos y porque sean valoradas las mujeres cocineras. Existe una cocina de mujer”, reivindica mientras degusta en Madrid platos de un restaurante asesorado por Arzak,  habla con entusiasmo de la comida que le gusta y suspira por probar “lo que hace Elena Arzak en San Sebastián”.

La veterana cocinera francesa está satisfecha de que la película subraye los sacrificios y la falta de visibilidad de las chefs. “Hay estrellas reconocidas, pero pocas. Hay mujeres que han hecho negocio con libros, generalmente maravillosos, de recetas, y otras muchas, desconocidas, que simplemente cocinan con mucho amor”. Ella transmite lo que que sabe en su casa-granja de Périgord, donde da clases a grupos reducidos (“no más de 12 personas”). Se guisa y se cena lo elaborado con los ingredientes de la zona. Y atraídos por la atmósfera de la gastronomía campestre llegan entusiastas de todo el mundo, con quienes Delpeuche (que cerró su web) se conecta por correo electrónico.

Tras su etapa de dos años y pico en el Elíseo, la cocinera presidencial se dedicó a viajar, se refugió en su paisaje y luego recaló en la Antártida, donde cocinó para los trabajadores de una base. Aunque guisaba para un colectivo, cada menú, dice, era un asunto importante, con el mimo como aderezo principal.

“Como había vivido tantas experiencias, decidí escribirlas”, cuenta. Así, en 1997 apareció su libro Carnets de cuisine du Périgord à l’Élysée (Hachette), no publicado en España. Años más tarde, con la película en ciernes, Delpeuche realizó una autoedición de 1.000 ejemplares con un impresor paisano suyo. La oportuna lectura de una periodista llevó el libro a manos de un editor (Bayard) y, voilà, 30.000 ejemplares de venta en una nueva tirada. “Y eso que no hay recetas con fotografías”, bromea la autora. Pero es que las recetas, con eso le basta, son un complemento comestible: “Cada episodio de mi vida lleva una”.

A Danièle Delpeuche le interesa la “por su evolución de la cocina tradicional y por el buen producto, que es la base”. Pudo disfrutar, recuerda de la materia prima vasca el pasado año, durante el Culinary Cinema del Festival de San Sebastián. “Adoro el chipirón y la merluza”, dicey otra de sus pasiones es el foie. Aunque no comió en elBulli, admira a Ferran Adrià: “Creo que es un artista inmenso y un loco genial. Me encanta lo que he visto en sus vídeos y fotos. Cuando se hacen cosas tan magistrales siempre hay alguien que copia, pero el resultado suele ser terrible”.

Con respecto a la cocina francesa, considera “que está en fase de búsqueda, y se va a encontrar a sí misma gracias a los jóvenes chefs”. “Una cocina familiar modernizada”, considera Delpeuch que es el camino que siguen esos buscadores de identidad culinaria.

Ella misma es una buscadora de sabores, y su olfato le ha llevado a Nueva Zelanda. Allí compró un terreno donde podrá obtener trufas australes, cuyo sabor le encanta. “Cuando se acaba la temporada en Francia comienza en Nueva Zelanda”. Para esta hija de truficultores es como cerrar el círculo y mantener un producto idolatrado todo el año.

Libro de Danièle Delpeuch editado por Bayard, con la portada actualizada con la imagen de Catherine Frot, la actriz  de la película 'La cocinera del presidente'.

Libro de Danièle Delpeuch editado por Bayard, con la portada actualizada con la imagen de Catherine Frot, la actriz de la película 'La cocinera del presidente'.

RECETA de Danièle Delpeuch

‘Perdiz con repollo sin perdiz’

Danièle Delpeuch decidió reinventar un plato mítico de caza “elaborando una perdiz con repollo sin perdiz”. Como aves sustitutas, propone una pintada o un picantón.Estos son los pasos:

Deshuesar la pieza, especiarla, añadir aceite de oliva, gotas de vinagre y tomillo fresco. Rociar un hígado de pato crudo con gotas de oporto. Limpiar un repollo quitando las hojas una a una; se blanquean (dos minutos en agua hirviendo y luego pasar por agua fría para avivar el color).

Con el hígado de pato (se puede sustituir por pan remojado en leche) se hace una pelota con ajo picado, perejil, frutos secos machacados (también higos o pasas), sal, pimienta y dos huevos. Se rellena el ave con esta pasta y se cierra (se cose) “como un abrigo”. Se dora en una cacerola a fuego lento durante media hora. Se retira y se envuelve en las hojas de repollo (cinco capas).

Los huesos y el cuello de la pieza se hierven en una cacerola aparte. Se introducen en un litro o litro y medio de agua fría y se cuece durante dos o tres horas hasta lograr una reducción del jugo: como medio vaso de agua.

Una vez envuelta la pieza se vuelve a poner con sus jugos en la cacerola y se deja 45 minutos a fuego lento para que adquiera un aspecto braseado.

Finalmente se corta la col rellena en lonchas y se rocía con el resto del caldo.

¿Sushi=sexo?

Cartel anunciador del 'body sushi' en la web de Flash Sushi.

Cartel anunciador del 'body ' en la web de Flash .

En la cuesta de enero subió como la espuma una noticia a raíz precisamente del revuelo montado en torno a ella: el body sushi o el sushi corporal, denunciado  (y cancelado) en un restaurante de Castellón. La cosa no era nueva en España, el mapa festivo supuestamente transgresor de las distintas regiones ha tenido en el menú una mujer como bandeja de rollitos japoneses. Hasta la inauguración de un evento de moda en el País Vasco (Cook&Fashion, nada menos que en el museo Balenciaga) contó con la gracia del body sushi en una pirueta de poner sobre la mesa algo original (creen,  pero que no tiene que ver nada con la gastronomía ni con el arte culinario del que Japón puede presumir (y los demás admirar). Es, como dice un amigo japonés, “sushi-sexo”.

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Arroz de bolsillo

Arroz de bolsillo en la oficina y en casa. / Smart Han

Con una mano comes y con la otra sigues trabajando. Parece una orden para esclavos del Gran Hermano, pero no, forma parte de la publicidad de un nuevo artefacto de la incansable inventiva práctica de Japón. Es el Smart Han, literalmente, el “arroz inteligente” (gohan es arroz blanco cocido en japonés y también la palabra que define comer en general).
Ese arroz tan listo es como un onigiri de bolsillo, enroscado en un tubo de plástico en vez de en una lámina de alga nori. El ubicuo bocadillo de arroz que niños y mayores llevan en la tartera toma aquí una forma tecnificada, para no mancharse los dedos y llevarlo incluso en un bolsillo de la ropa.
Sirve para comidas rápidas en ocasiones tan dispares como estar en la oficina o en el colegio, ir en avión o en tren, hacer deporte o amamantar a un bebé. Los dibujos de la publicidad muestran todas las posibilidades de uso y también de relleno.
El cilindro se abre para depositar el arroz  (caben unos 80 gramos) y mezclarlo con lo que cada uno quiera añadir (la web japonesa da un montón de sugerencias). En el extremo tiene un tapón donde se guardan más guarniciones o aliños.
Dentro de este despliegue práctico, el Smart Han tiene un detalle absurdo (aunque muy japonés) dentro de la generalizada tendencia unisex: un modelo para hombres y otro para mujeres, que sólo se diferencia en el color. Pero el precio para ambas versiones es el mismo, 8 euros.

El 'Smart Han' en versión femenina y masculina.

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Rendidos a la cuchara: el menú del ‘desarme’

Potaje del menú asturiano del Desarme. / R. R.

Un potaje de garbanzos, bacalao y espinacas, callos y arroz con leche. Este es el menú del Desarme, un festín nacido hace dos siglos en una reunión de camaradas, en el marco de las guerras carlistas en Asturias y que revive Madrid durante unos días (del 19 al 21 de octubre) con una treintena de restaurantes cómplices. En Oviedo no es nuevo, cada 19 de octubre la gente se lanza a desarmar, a comer con gula de memoria histórica unos platos de cocina popular que con el tiempo ha digerido como un lujo gastronómico la cocina culta.

Hasta el 30 de noviembre, 300 establecimientos de hostelería de Oviedo celebran su tradición del Desarme y tientan a los gastroturistas a saborear Asturias. Recuperar las tradiciones modernizando su apariencia sin perder la esencia es una buena causa. La innovación desde la raíz es un arma eficaz en la batalla de los apetitos.

Si los milicianos del siglo XIX -esos que cuchara en mano hicieron que pasara a la posteridad el festín ovetense- estaban tan concentrados en la copiosa comida que no se dieron cuenta cómo les arrebataban sus armas, habrá que concentrarse ahora ante un menú sabroso para olvidar las guerras cotidianas.  Así que ¿dónde desarmamos?

Callos del menú del Desarme.

Sonríe, que se abre la nevera

 

Frigorífico con un reconocedor de sonrisas. / Sony Computer Science Laboratories, Inc. (Tokio)

A mal tiempo, buena cara. Ya sabemos que estos tiempos de crudeza y crisis dan más para malas caras, pero no podemos enfangarnos en la tristeza. Eso es lo que han pensado los técnicos del Computer Science Labs de Sony y su optimismo ha merecido un premio en Japón al mejor diseño digital aplicado a la vida cotidiana. Es un verdadero aparato tecnoemocional.

Se trata de un “contador de felicidad”, un reconocedor de sonrisas, de forma que si la persona está alegre activa el aparato. Un escaner detecta el estado de ánimo: un smiley verde indica la emoción positiva; uno rojo, la negativa. Instalado en un frigorífico, éste se abre sin dificultad si quien se aproxima se ríe; si el rostro está serio, no hay manera. La comida se niega a mostrarse.

Los autores del invento lo presentan con la frase del filósofo y psicólogo William James: “No nos reímos porque somos felices, somos felices porque nos reímos”. Y proponen que  su contador de la felicidad se instale en centros de trabajo y en lugares donde ancianos, enfermos o gente con problemas o que vive sola necesite una buena ración de optimismo. “Hay que reir, no os deprimais, teneis que liberar endorfinas”, es la receta del equipo de Sony: los diseñadores Yoshio Ishiguro, Hitomi Tsujita y  Jun Rekimoto.

Si no tienes con qué llenar la nevera, lo de sonreir está más difícil, pero ya sabes: “Don’t worry, be happy”.

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‘Sushiyake’, los diseños apetitosos de Issey Miyake

Los diseños de Issey Miyake son apetitosos. Su ropa está creada para fundirse con el movimiento corporal, con texturas y formas orgánicas. Son tejidos y vestidos cómodos y ligeros que danzan, que provocan un aire feliz, según los deseos del diseñador japonés. Y precisamente con la felicidad de cumplir 20 años con una colección revolucionaria, Pleats Please, Miyake lanza una imaginería titulada Happy, unos anuncios -en colaboración con el director de arte Taku Satoh- que adquieren la silueta de la comida más representativa de Japón, el . Y como invitación a la frescura de su veterana creación de los pliegues, incluye un cono de helado. Una moda seductora, para comer con los ojos. Y para beber, pues también hay copas con un vino plegado, como un origami líquido.

Ropa-sushi diseñada por Issey Miyake. / TASCHEN

Ice-cream x Pleats Please Art Direction: Taku Satoh Design: Shingo Photograph: Yasuaki Yoshinaga © 2012 ISSEY MIYAKE INC.

Copas de 'Pleats Please' © 2012 ISSEY MIYAKE INC.

No es esta la única relación del famoso diseñador con el mundo alimenticio. En 2010 firmó unas botellas de pasarela, una colección de toques florales para la conocida marca de agua mineral Evian.

Diseño de Issey Miyake para las botellas de agua Evian.

Al hilo de esta celebración de los 20 años de los delicados e innovadores pliegues de la ropa de Miyake, la editorial Taschen publica un libro, lleno de atractivas imágenes y con todos los secretos de la producción de Pleats Please. Lo firma Midori Kitamura, presidenta del Miyake Design Studio.

Página del libro sobre Miyake 'Pleats Please', de Midori Kitamura. / TASCHEN

Página del libro sobre Miyake 'Pleats Please', de Midori Kitamura. / TASCHEN

Gastroperiodismo: del papel al tuit

Entrevista a Rosa Rivas, periodista

En el a veces estéril pero necesario debate sobre qué escribimos y adónde vamos en el periodismo, y en el gastroperiodismo, con o sin blogs, conviene reflexionar. Sin chocar, sin que las placas tectónicas de los criterios o las ambiciones personales terminen provocando un tsunami de acusaciones o justificaciones.

Como la responsabilidad, la documentación, la chispa, la ironía y la rapidez -la pasión/necesidad de lo instantáneo- son elementos que no están reñidos con el universo 2.0, es un gusto compartir criterios con otros colegas. Así que aprovecho aquí para dejar constancia de una entrevista realizada por Albert Homo Gastronomicus. Una web en la que hay muchos más ingredientes y más declaraciones interesantes de gastrocolegas, aparte de mi modesta aportación.

Y por aquello de repasar la hemeroteca (jurisprudencia de la comunicación), dejo también otro link de las palabras de Elena Ochoa Foster durante los premios Ortega y Gasset: “El gran periodismo puede hacerse en papel o en Twitter”.

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El Arco Atlántico y las flechas sabrosas

'Huella' del festival Arco Atlántico en las calles de Gijón (Asturias). Julio 2012. / R. R.

Entre las malas noticias bancarias y de fuegos incesantes (quemándose la naturaleza y quemados nosotros), me ha dejado muy buen sabor de boca una noticia positiva de este verano que viví en primera línea en el escenario con los protagonistas. En Gijón se celebró el pasado mes de julio el festival Arco Atlántico (Arcu Atlánticu en bable). Un festín gastronómico pero también con ingredientes musicales y artísticos. Todo un menú cultural que probé en plenas vacaciones y que tras digerirlo con otros menús estivales en Suecia y en Francia he valorado aún más el sabor del recuerdo.

Y ante la posibilidad de que el verano próximo se celebre una segunda edición (parece que las autoridades locales se han quedado contentas del potencial turístico-culinario), más motivos tengo para recoger aquí las flechas sabrosas del Arco Atlántico.

Y menudo plantel de cazadores del paladar, de guerreros de la cocina del gran Norte: Marcos Morán (Casa Gerardo), Nacho Manzano (Casa Marcial) , Jesús Sánchez (El Cenador de Amós), Josean Martínez Alija (Nerua), Marcelo Tejedor (Casa Marcelo), José Avillez (Belcanto), Kevin Thornton (Thornton’s) y David Ibarboure (Briketenia). Asturias, Cantabria, País Vasco, Galicia, Portugal, Irlanda y Francia. Un activo comando de la cocina atlántica contemporánea. El océano y la tierra fértil trenzan el cordón umbilical que une a estos con un paisaje culinario común y les hermana en creatividad e innovación.

El portugués Avillez hizo un despliegue pictórico-marino en una versión de un cuadro de Pollock con aceituna, zanahoria, crema de ajo y tinta de sepia. El asturiano Nacho Manzano dignificó una piel de sardina y elaboró una refrescante ensalada de hígado de rape.

Plato 'pictórico' de José Avillez en Arco Atlántico.

El dublinés Thorton hizo un maridaje japoirlandés con ternera wagyu,  salmón ahumado y marinado con hinojo, perejil y el toque de cerveza.

Plato de salmón de Kevin Thornton. / R. R.

Ibarboure se decantó por el foie gras y la manzana flambeada y también optó por la fusión en otra propuesta con canelones de lubina y trufa y un soufle de tomate y guacamole.

Bocado de foie de David Ibarboure. / R. R.

El gallego Marcelo Tejedor preparó unos calabacines en flor y desplegó el humor para elevar lo casero a la alta cocina con su cafetocaldo, una sopa de algas, verduras y virutas de bonito seco hervida en una cafetera.

Flores de calabacín rellenas, por Marcelo Tejedor.

El vasco Josean Alija exhibió su pasión naturalista con un puerro en jugo de cerdo ibérico y yema de arroz, con un pil-pil de piel de bacalao y cebolla  y con su ya emblemático plato de tomates con secreto de hierbas en el interior; además, retó a las percepciones del auditorio con unas fabes hermosas que resultaron ser riñones de pato. Un trampantojo con guiño local.

Fabes-riñones de pato, por Josean Alija.

El cántabro Jesús Sánchez  preparó otro trampantojo, con lentejas que (trituradas, cocidas y salteadas) se convierten en cuscús. También jugó con los crujientes y las texturas de semillas y pescados (pieles y espinas) y demostró, con la complicidad de niños catadores, que pueden estar al alcance de cocinillas y aficionados.

Lentejas convertidas en cuscus, por Jesús Sánchez. / R. R.

Marcos Morán también convirtió al público en actor de la celebración culinaria en el escenario con propuestas seductoras de ostras, sardinas elegantizadas y unos salmonetes a los que les sabe sacar el alma salada e intensa de sus higadillos.

Sabores y saberes de gastronomías locales abrazadas en la proyección internacional fueron brindadas por unos cocineros disfrutones y que hicieron disfrutar al público exhibiendo técnicas y placeres comestibles en la plaza pública. “Hay que hacer una cocina que se entienda. Los cocineros somos gente normal. No somos frikis”, alega vehemente Marcos Morán, y a ello se aplicaron él y sus colegas durante el Arcu Atlánticu.

Marcos Morán y Jesús Sánchez, conectándose a las redes sociales en el 'bakstage' de Arco Atlántico. / R. R.

'Show cooking' en la Plaza Mayor de Gijón.

'Show cooking' en la Plaza Mayor de Gijón. / R. R.

Además de ver, oler y probar los show cookings, clases magistrales gratuitas de los chefs protagonistas de la cumbre atlántica en la Plaza Mayor de Gijón, se podían disfrutar descuentos y ofertas especiales en los establecimientos hosteleros de la ciudad: restaurantes, bares, sidrerías, vinotecas, pastelerías, queserías, tiendas gourmets… Codo con codo para demostrar a locales y visitantes que es verdad lo que dicen los folletos turísticos: “Gijón goloso”, “Asturias con sal”.

Como dicen en Asturias, “Ye lo que hay”, y lo que hay es crisis. Pues visto lo visto (y lo comido) en Gijón, que nos rescaten por el estómago.

Arroz con leche de La Salgar (Nacho Manzano, Gijón)

Arroz con leche de La Salgar (Nacho Manzano, Gijón). / R. R.