About Rosa Rivas

Periodista madrileña con larga trayectoria en el mundo de la cultura y la gastronomía (mucho antes de que se convirtiera en una moda). Redactora del diario EL PAÍS y Premio Nacional de Gastronomía 2010. Licenciada en Ciencias de la Información en la Universidad Complutense y Máster en Periodismo Audiovisual por la Boston University gracias a una beca Fullbright. Rosa se alimenta con las exploraciones viajeras y es adicta a Japón. Ha cocinado con Fietta Jarque el libro "Entrevista con los Ángeles" y le gusta ironizar con otros colegas en 7canibales.com

‘Foodsellers’ y apetito literario

/ The Fat Duck. Heston Blumenthal

Hace pocos días, con el hervor de la Feria del Libro de Madrid 2013, publiqué en EL PAÍS un artículo sobre el (buen) apetito de las editoriales a la hora de editar libros gastronómicos, Cultura gastronómica en su punto.

Vamos ahora más allá de las recetas. Hay publicaciones de todo tipo, superespecializadas, lujosos libros de autor -editados en español y en inglés, porque la cocina española tiene amplia audiencia internacional-, sorprendentes ensayos (con un lenguaje directo que atrapa) como La importancia del tenedor o El secreto de la cocina japonesa. Lo astringente y la comida fantasma.

Atraen la historia como ingrediente, la ciencia y la cocina, las dietas con ecomilagro (como La encima prodigiosa) también atrapan las gastronovelas… y, sobre todo, los libros que el sector llama oportunistas, de personajes mediáticos (no siempre ) y que precisamente dan oportunidades al negocio porque atrapan a un público hambriento de los brillos que aparecen en las pantallas.

La comida y la bebida venden, tienen un chaleco antibala-anticrisis. Mejor dicho, tienen chaquetilla de chef. Y si es de llamativos colorines mejor. El chef madrileño Alberto Chicote ha logrado atraer en sus días de firma del libro Pesadilla en la cocina a constantes hormigueros de gente, para envidia de los literatos habituados a las jornadas masivas de autógrafos. Y los libros de las recetas de la versión española de MasterChef se agotaron a los pocos días de la feria. El masterchefismo es una tendencia, sí, en este país de consumo rápido y fast food cultural. Y nos ha dado por la repostería creativa (nos ha seducido con sus cupcakes Alma Obregón, otra superventas). También tenemos pasión por amasar panes, por sorprender con los gin tonics y rizar el rizo de la coctelería… Nos hemos vuelto gourmets, foodies, sibaritas porque sí,

Quiero pensar que a través de la moda de los posibles talentos culinarios el talento casero se incentive y el personal se lance a cocinar, más que a calentar pizzas en el microondas. Pero hay efectos colaterales perniciosos en ese furor por el espectáculo culinario cocinado en televisión. Lo comprobé en la Feria del Libro y lo cuento en esta versión completa de mi artículo (ya se sabe que en las páginas de los periódicos no cabe todo, no se estiran como chicle). Que aproveche!

/ Annabel Lee. 'La importancia del tenedor'

El creciente apetito por la cultura gastronómica

“¡Mira, un libro de Subijana, ¿ese señor fue un invitado en MasterChef no?”. Es el comentario de un chico a su pareja mientras curiosean en la caseta de Apunto, una librería gastronómica,  en la Feria del Libro de Madrid. Una de las libreras reacciona y les cuenta quién es “ese señor”, les enseña la bibliografía disponible del cocinero vasco y de paso les muestra obra de otros cocineros (los de , el de , el de El “que son los mejores del mundo”).  La pareja insiste en preguntar por el libro de MasterChef . “Está agotado ahora”, dice la librera y les deja en sus dudas para atender a un cliente conocido, que pide “un libro en inglés” de Julia Child, la famosa cocinera y escritora estadounidense (Mastering the Art of French Cooking).  Al rato, un joven estudiante de hostelería arrasa con “gangas a cuatro euros” de una colección sobre las cocinas del mundo.

Pero está claro que el público masivo come con los ojos. La tele provoca superventas.  Alberto Chicote y su Pesadilla en la cocina y el teleconcurso de talentos culinarios MasterChef han arrasado. Largas colas de firmas, cientos y de ejemplares vendidos, ediciones agotadas… Un gol para Planeta, con diversas gastrocolecciones. La Feria del Libro ha sido un termómetro de la gastrolectura: los consumidores voraces de éxitos y libros oportunistas, al hilo de modas y personajes mediáticos, y los buscadores de cultura gastronómica –público en general y profesionales de la cocina- que quieren profundizar, ilustrarse, alimentar conocimientos.  

Páginas de 'Muina', libro de Josean Alija (Nerua).

Precisamente estos lectores abren un camino que también nutre a las editoriales, tanto a las generalistas como a las especializadas. Aunque el consumo general de libros se ha retraído, la cosecha de 2013 de literatura culinaria ha dado buenos frutos, dicen los editores y libreros especializados consultados. Incluso, un hit gastronómico aporta marcha al negocio.  Como ha sucedido con Objetivo: cupcake perfecto, de la bloguera y responsable de una escuela de repostería creativa Alma Obregón. Unos 37.000 ejemplares para el recuento de El País Aguilar, que  que cuenta con una colección dulce, Chic&Delicious, que integra autores internacionales, además de su best seller nacional. Objetivo: tarta perfecta, presentado en la feria a finales de mayo, ya va por los 4.000 ejemplares, asegura Maite Suñer, editora de El País Aguilar. “La gastronomía es un mercado importante, que supone unos 25 millones de euros anuales.  Ayuda a un sector que está sufriendo mucho con la crisis”, añade.  El creciente interés por la gastronomía, la compra de libros para aprender a cocinar porque ya no enseña la madre ni la abuela y el guisar en casa y con amigos para ahorrar son factores que “a los editores les viene bien”. Y también les viene bien “el fenómeno de los blogueros populares”, como la citada Obregón, El Comidista o Falsarius Chef. Los escritores gastronómicos 2.0 también incentivan las ediciones en versión digital y multimedia.

Los cocineros mediáticos venden. La comida de la familia, de Ferran Adrià, “lleva más de 180.000 ejemplares vendidos. Hace unos diez años ya decidimos apostar por la gastronomía española ”, dice Anik Lapointe, de RBA, editorial introductora en España del chef británico Jamie Oliver,  distribuidora de los libros de elBulli y de la versión en castellano de títulos de Phaidon como Mugaritz. Conscientes del impacto internacional, las estrellas de la cocina publican ahora sus libros de autor en inglés y español (Los Roca, Josean Alija…)

Otro plato fuerte editorial, los recetarios, siguen teniendo tirón. Lo prueba la continua edición desde 1972 de la biblia culinaria de Simone Ortega 1080 recetas de cocina (Alianza). “Si se hicieran tantas recetas como se compran, el panorama de la cocina casera en España cambiaría”, ironiza la periodista gastronómica Ana Lorente, una de las responsables de Apunto, sobre la voracidad por los recetarios.  Pero ya van abriéndose un hueco los libros de filosofía y de historia culinaria, para digerir el conocimiento, no para mancharlos de grasa en los fogones. Un ensayo, editado por Turner, La importancia del tenedor, de la periodista Bee Wilson (responsable de la columna The kitchen thinker en The Sunday Telegraph), figura entre las novedades bien vendidas de esta feria. “Es una historia cultural de las cocinas, de las vidas cotidianas. Un libro muy bien narrado y con capacidad de comunicación”, opina Pilar Álvarez,  de Turner. “Nos interesa un lector con curiosidad, con cierto nivel de indagación, y este perfil está en aumento.  Este tipo de libros se pueden leer igual ahora que dentro de cinco años”, subraya. Coincide en ello Lapointe: “Una de las características de los libros gastronómicos es que siguen vivos largo tiempo, son longsellers”.

Y esa apuesta a largo plazo, por los libros de reserva que envejecen bien y se saborean fuera de tiempo, es la razón de existir de Trea, una editorial asturiana que desde 2003 se empeña tenazmente en las apuestas arriesgadas. “Aunque no vendamos”, dice su responsable, Álvaro Díaz Huici. En el fondo de su colección La comida de la vida hay 60 libros: ensayos, monográficos, recuperaciones de autores antiguos… Uno de estos rescates para bibliófilos, 36 maneras de guisar el bacalao (escrito en 1901 por Manuel María Purga y Parga Picadillo) ha sido el más vendido, cuenta Díaz Huici. La historia de la alimentación, de Jean Louis Flandrin y Massimo Montanari, define su obsesión por “divulgar con tenacidad y constancia la gastronomía como hecho cultural”.  Aunque su labor de “arqueología culinaria” no conquista masas, a veces “damos en la diana con las modas”, dice. Ocurrió con La cerveza… poesía líquida. Un manual para cervesiáfilos, de Steve Huxley.

“El libro que más vende no es siempre el que más dura.  La literatura gastronómica es de largo recorrido”, confirma Arancha Miralles, responsable de la pionera gastrolibrería Aliana. “Cuando empezamos, hace 22 años, había un estante. Ahora hay un montón de producción, en castellano y en otros idiomas, y con libros muy especializados: cómo preparar gin tonics, cómo elaborar pan… también novelas gastronómicas… Vamos más allá del recetario”, cuenta Miralles. Además de surtir en su espacio madrileño, Aliana ha extendido una mesa literaria por Internet: “Hay mucha demanda de libros españoles de gastronomía en América Latina, Estados Unidos y Japón”.  Nacional y global, pues, el interés de la audiencia sigue distintos aromas de la cultura alimenticia.

Páginas del libro 'El Celler de Can Roca'

 

 

Maguro de juguete. Kit para despiezar un atún

'Maguro toy' / Hobbystock.jp

Quienes se maravillen ante el despiezado de un atún (ronqueo, como se llama por tierras españolas y que abunda últimamente en ferias culinarias) pueden practicar este arte en casa. ¿Y a quién se le ha ocurrido el kit del perfecto cortador de atún? A un japonés, sí. Un vendedor de pescado del famoso mercado Tsukiji de Tokio, el mayor del mundo, todo un delirio de productos marinos donde increíblemente no apesta a pescado y la frescura significa comprar la pieza viva (salvo los atunes, ¡ay, tantos mediterráneos con etiqueta nipona!, que también lucen congelados).

Pues bien, Kazuyoshi Watanabe es la mente que ha parido un maguro (atún) de juguete, producido por la empresa Hobby Stock, según cuenta la interesante web de diseño y cultura japonesa Spoon&Tamago.  El kit atunero, que ha salido hace pocos días al mercado nipón, cuesta 29,400 yens (unos 228 euros) y puede encontrarse incluso en Amazon.

El atún desarmable con su mesa y el cuchillo de despiece. / Hobbystock.jp

El pequeño maguro (obviamente no es una espectacular pieza real de 400 kilos) creado por Watanabe san mide 330 milímetros de largo, 120 mm de altura, 75 mm de ancho. Viene en una caja similar a las que se usan para guardar las piezas. Está fabricado con todo realismo y el cuerpo se puede deshacer y recrear en 10 piezas. El kit del corte de atún (maguro no kaitai) incluye también una reproducción a escala de las mesas de madera usadas en Tsukij y una versión mini del maguro bōchō, o largo cuchillo (más fino que una katana) para cortar el atún.

Piezas del atún de juguete para armar. / Hobbystock.jp

Se supone que el juguete está destinado a que el público infantil conozca los entresijos de ese pescado tan omnipresente en el , pero los mayores caprichosos también pueden entretenerse con ello. O cabrearse, dado lo esquilmados que están los atúnidos por el capricho/moda mundial del pescado crudo y del atunero.

'Maguro no kaitai'. Despiece de atún en Tsukiji. Tokio. / ROSA RIVAS

Y he aquí unos bocados de realidad, captados por mí en una de las visitas de madrugada al mercado tokiota de Tsukiji: un ejemplar que no es para jugar, unas piezas cuyo sabor se te queda en la memoria y que, de vuelta a tu país, hace que no vuelvas a probar sushi o sashimi en meses. Las comparaciones de calidad siempre son odiosas.

'Secreto' de atún, carne de las 'costillas', tierna y suave como la mantequilla. Tsukiji, Tokio. / ROSA RIVAS

 

Pieza de atún en 'rigor mortis' y las armas de fileteado. Listo para sushi de madrugada. Tsukiji. Tokio. / ROSA RIVAS

Una cafetera en el campo

La cafetera portátil Nomad (tm). No se ve a los excursionistas porque están invitando a café a las ardillas.Para los caprichos no hay límites. Y si no os importa salir de excursión con todos los cacharros gourmets de comida y bebida a cuestas, os podéis llevar la cafetera. ¡Un espresso portátil! Más bien, como su propio nombre indica, Nómada.  Así, Nomad, se llama el invento de Vincent J. Chen (sí, un asiático) y Curt Morgan, dos científicos y cafeteros empedernidos que han unido en Estados Unidos sus mentes inventivas.

Ni cápsulas originales o sucedáneas, solo una bolsita de café, agua… y la fuerza de vuestras manos. Porque para activar este cacharro –nacido como un “producto ecológico”-  no hay que pulsar un botón. Insisto que no es para cómodos. Si como dice el anuncio lo queréis llevar de vacaciones, tenéis que cargarlo (pesa poco más de un kilo) y ejercitar los brazos. Luego la recompensa es la tacita de café con sabor a entorno natural.

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La cocinera (rebelde) del presidente

La cocinera francesa Danièle Delpeuch, en Sandó by Arzak, Madrid. / Rosa Rivas

La cocinera francesa Danièle Delpeuch, en Sandó by , Madrid. / Rosa Rivas

Unos 25 años después de su paso por las cocinas del Elíseo, como chef privada del presidente francés François Miterrand, Danièle Delpeuch está reviviendo su pasado en la vorágine promocional de la película La cocinera del presidente, que se estrena en España.

Dirigido por Christian Vincent (amante de los buenos y la comida) y con Philip Rousselet en la producción, uno de los artífices de que la historia de elBulli sea convertida en película de Hollywood, La cocinera del presidente es un filme gastronómico con mucha miga.

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Para alegría de la chef inspiradora (amiga además de la actriz que la encarna “de forma realista”, Catherine Frot), la trama se centra más en su vida profesional que en la personal. “Que yo llegara a los fogones del Elíseo fue como una bofetada tremenda”, dice Delpeuch. Un sopapo al clasicismo-machismo reinante, tanto en palacio como en los templos gastronómicos.

Una oportuna recomendación del prestigioso (y abierto a las tendencias culinarias) Joël Robuchon hizo realidad los deseos del presidente de la República francesa de contar con una cocinera de platos sencillos, de la comida casera sin engolamientos. Y Daniel Delpeuch salió de su reino de trufas del Périgord para plantarle en la mesa a un veterano Jefe del Estado el paisaje de los sabores familiares. Se peleó como una loba con los burócratas de palacio y los estrictos funcionarios del Elíseo –“tienen unas reglas militares”, recuerda– para ejecutar una cocina personal, con defensa a ultranza de los pequeños productores franceses y los ingredientes frescos de calidad, aunque alterara el presupuesto oficial y retara a los nutricionistas que medían las calorías de los platos presidenciales. Y venció las resistencias del hervidero masculino. “Estoy convencida de que mi estancia allí tuvo influencia. Al menos 40 mujeres lograron entrar de stagiers (ayudantes-aprendices), pero ninguna se quedó de jefa de cocina. Yo he sido la única”, lamenta.

Pero, zancadillas aparte, su paso por el Elíseo fue fructífero: “Fue como una escuela. Miterrand era un gran gourmet, me hizo ir a mis fundamentos culinarios. Me brindó libros de cocina antiguos, pude leer y aprender muchísimo”, dice esta autodidacta de 70 años que se lanzó a los fogones cuando era veinteañera bebió de la sabiduría de las mujeres de su familia y su terruño. “Toda mi vida he luchado porque los granjeros y productores sean reconocidos y porque sean valoradas las mujeres cocineras. Existe una cocina de mujer”, reivindica mientras degusta en Madrid platos de un restaurante asesorado por Arzak,  habla con entusiasmo de la comida que le gusta y suspira por probar “lo que hace Elena Arzak en San Sebastián”.

La veterana cocinera francesa está satisfecha de que la película subraye los sacrificios y la falta de visibilidad de las chefs. “Hay estrellas reconocidas, pero pocas. Hay mujeres que han hecho negocio con libros, generalmente maravillosos, de recetas, y otras muchas, desconocidas, que simplemente cocinan con mucho amor”. Ella transmite lo que que sabe en su casa-granja de Périgord, donde da clases a grupos reducidos (“no más de 12 personas”). Se guisa y se cena lo elaborado con los ingredientes de la zona. Y atraídos por la atmósfera de la gastronomía campestre llegan entusiastas de todo el mundo, con quienes Delpeuche (que cerró su web) se conecta por correo electrónico.

Tras su etapa de dos años y pico en el Elíseo, la cocinera presidencial se dedicó a viajar, se refugió en su paisaje y luego recaló en la Antártida, donde cocinó para los trabajadores de una base. Aunque guisaba para un colectivo, cada menú, dice, era un asunto importante, con el mimo como aderezo principal.

“Como había vivido tantas experiencias, decidí escribirlas”, cuenta. Así, en 1997 apareció su libro Carnets de cuisine du Périgord à l’Élysée (Hachette), no publicado en España. Años más tarde, con la película en ciernes, Delpeuche realizó una autoedición de 1.000 ejemplares con un impresor paisano suyo. La oportuna lectura de una periodista llevó el libro a manos de un editor (Bayard) y, voilà, 30.000 ejemplares de venta en una nueva tirada. “Y eso que no hay recetas con fotografías”, bromea la autora. Pero es que las recetas, con eso le basta, son un complemento comestible: “Cada episodio de mi vida lleva una”.

A Danièle Delpeuche le interesa la “por su evolución de la cocina tradicional y por el buen producto, que es la base”. Pudo disfrutar, recuerda de la materia prima vasca el pasado año, durante el Culinary Cinema del Festival de San Sebastián. “Adoro el chipirón y la merluza”, dicey otra de sus pasiones es el foie. Aunque no comió en elBulli, admira a Ferran Adrià: “Creo que es un artista inmenso y un loco genial. Me encanta lo que he visto en sus vídeos y fotos. Cuando se hacen cosas tan magistrales siempre hay alguien que copia, pero el resultado suele ser terrible”.

Con respecto a la cocina francesa, considera “que está en fase de búsqueda, y se va a encontrar a sí misma gracias a los jóvenes chefs”. “Una cocina familiar modernizada”, considera Delpeuch que es el camino que siguen esos buscadores de identidad culinaria.

Ella misma es una buscadora de sabores, y su olfato le ha llevado a Nueva Zelanda. Allí compró un terreno donde podrá obtener trufas australes, cuyo sabor le encanta. “Cuando se acaba la temporada en Francia comienza en Nueva Zelanda”. Para esta hija de truficultores es como cerrar el círculo y mantener un producto idolatrado todo el año.

Libro de Danièle Delpeuch editado por Bayard, con la portada actualizada con la imagen de Catherine Frot, la actriz  de la película 'La cocinera del presidente'.

Libro de Danièle Delpeuch editado por Bayard, con la portada actualizada con la imagen de Catherine Frot, la actriz de la película 'La cocinera del presidente'.

RECETA de Danièle Delpeuch

‘Perdiz con repollo sin perdiz’

Danièle Delpeuch decidió reinventar un plato mítico de caza “elaborando una perdiz con repollo sin perdiz”. Como aves sustitutas, propone una pintada o un picantón.Estos son los pasos:

Deshuesar la pieza, especiarla, añadir aceite de oliva, gotas de vinagre y tomillo fresco. Rociar un hígado de pato crudo con gotas de oporto. Limpiar un repollo quitando las hojas una a una; se blanquean (dos minutos en agua hirviendo y luego pasar por agua fría para avivar el color).

Con el hígado de pato (se puede sustituir por pan remojado en leche) se hace una pelota con ajo picado, perejil, frutos secos machacados (también higos o pasas), sal, pimienta y dos huevos. Se rellena el ave con esta pasta y se cierra (se cose) “como un abrigo”. Se dora en una cacerola a fuego lento durante media hora. Se retira y se envuelve en las hojas de repollo (cinco capas).

Los huesos y el cuello de la pieza se hierven en una cacerola aparte. Se introducen en un litro o litro y medio de agua fría y se cuece durante dos o tres horas hasta lograr una reducción del jugo: como medio vaso de agua.

Una vez envuelta la pieza se vuelve a poner con sus jugos en la cacerola y se deja 45 minutos a fuego lento para que adquiera un aspecto braseado.

Finalmente se corta la col rellena en lonchas y se rocía con el resto del caldo.

¿Sushi=sexo?

Cartel anunciador del 'body sushi' en la web de Flash Sushi.

Cartel anunciador del 'body ' en la web de Flash .

En la cuesta de enero subió como la espuma una noticia a raíz precisamente del revuelo montado en torno a ella: el body sushi o el sushi corporal, denunciado  (y cancelado) en un restaurante de Castellón. La cosa no era nueva en España, el mapa festivo supuestamente transgresor de las distintas regiones ha tenido en el menú una mujer como bandeja de rollitos japoneses. Hasta la inauguración de un evento de moda en el País Vasco (Cook&Fashion, nada menos que en el museo Balenciaga) contó con la gracia del body sushi en una pirueta de poner sobre la mesa algo original (creen,  pero que no tiene que ver nada con la gastronomía ni con el arte culinario del que Japón puede presumir (y los demás admirar). Es, como dice un amigo japonés, “sushi-sexo”.

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Arroz de bolsillo

Arroz de bolsillo en la oficina y en casa. / Smart Han

Con una mano comes y con la otra sigues trabajando. Parece una orden para esclavos del Gran Hermano, pero no, forma parte de la publicidad de un nuevo artefacto de la incansable inventiva práctica de Japón. Es el Smart Han, literalmente, el “arroz inteligente” (gohan es arroz blanco cocido en japonés y también la palabra que define comer en general).
Ese arroz tan listo es como un onigiri de bolsillo, enroscado en un tubo de plástico en vez de en una lámina de alga nori. El ubicuo bocadillo de arroz que niños y mayores llevan en la tartera toma aquí una forma tecnificada, para no mancharse los dedos y llevarlo incluso en un bolsillo de la ropa.
Sirve para comidas rápidas en ocasiones tan dispares como estar en la oficina o en el colegio, ir en avión o en tren, hacer deporte o amamantar a un bebé. Los dibujos de la publicidad muestran todas las posibilidades de uso y también de relleno.
El cilindro se abre para depositar el arroz  (caben unos 80 gramos) y mezclarlo con lo que cada uno quiera añadir (la web japonesa da un montón de sugerencias). En el extremo tiene un tapón donde se guardan más guarniciones o aliños.
Dentro de este despliegue práctico, el Smart Han tiene un detalle absurdo (aunque muy japonés) dentro de la generalizada tendencia unisex: un modelo para hombres y otro para mujeres, que sólo se diferencia en el color. Pero el precio para ambas versiones es el mismo, 8 euros.

El 'Smart Han' en versión femenina y masculina.

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Rendidos a la cuchara: el menú del ‘desarme’

Potaje del menú asturiano del Desarme. / R. R.

Un potaje de garbanzos, bacalao y espinacas, callos y arroz con leche. Este es el menú del Desarme, un festín nacido hace dos siglos en una reunión de camaradas, en el marco de las guerras carlistas en Asturias y que revive Madrid durante unos días (del 19 al 21 de octubre) con una treintena de restaurantes cómplices. En Oviedo no es nuevo, cada 19 de octubre la gente se lanza a desarmar, a comer con gula de memoria histórica unos platos de cocina popular que con el tiempo ha digerido como un lujo gastronómico la cocina culta.

Hasta el 30 de noviembre, 300 establecimientos de hostelería de Oviedo celebran su tradición del Desarme y tientan a los gastroturistas a saborear Asturias. Recuperar las tradiciones modernizando su apariencia sin perder la esencia es una buena causa. La innovación desde la raíz es un arma eficaz en la batalla de los apetitos.

Si los milicianos del siglo XIX -esos que cuchara en mano hicieron que pasara a la posteridad el festín ovetense- estaban tan concentrados en la copiosa comida que no se dieron cuenta cómo les arrebataban sus armas, habrá que concentrarse ahora ante un menú sabroso para olvidar las guerras cotidianas.  Así que ¿dónde desarmamos?

Callos del menú del Desarme.

Sonríe, que se abre la nevera

 

Frigorífico con un reconocedor de sonrisas. / Sony Computer Science Laboratories, Inc. (Tokio)

A mal tiempo, buena cara. Ya sabemos que estos tiempos de crudeza y crisis dan más para malas caras, pero no podemos enfangarnos en la tristeza. Eso es lo que han pensado los técnicos del Computer Science Labs de Sony y su optimismo ha merecido un premio en Japón al mejor diseño digital aplicado a la vida cotidiana. Es un verdadero aparato tecnoemocional.

Se trata de un “contador de felicidad”, un reconocedor de sonrisas, de forma que si la persona está alegre activa el aparato. Un escaner detecta el estado de ánimo: un smiley verde indica la emoción positiva; uno rojo, la negativa. Instalado en un frigorífico, éste se abre sin dificultad si quien se aproxima se ríe; si el rostro está serio, no hay manera. La comida se niega a mostrarse.

Los autores del invento lo presentan con la frase del filósofo y psicólogo William James: “No nos reímos porque somos felices, somos felices porque nos reímos”. Y proponen que  su contador de la felicidad se instale en centros de trabajo y en lugares donde ancianos, enfermos o gente con problemas o que vive sola necesite una buena ración de optimismo. “Hay que reir, no os deprimais, teneis que liberar endorfinas”, es la receta del equipo de Sony: los diseñadores Yoshio Ishiguro, Hitomi Tsujita y  Jun Rekimoto.

Si no tienes con qué llenar la nevera, lo de sonreir está más difícil, pero ya sabes: “Don’t worry, be happy”.

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‘Sushiyake’, los diseños apetitosos de Issey Miyake

Los diseños de Issey Miyake son apetitosos. Su ropa está creada para fundirse con el movimiento corporal, con texturas y formas orgánicas. Son tejidos y vestidos cómodos y ligeros que danzan, que provocan un aire feliz, según los deseos del diseñador japonés. Y precisamente con la felicidad de cumplir 20 años con una colección revolucionaria, Pleats Please, Miyake lanza una imaginería titulada Happy, unos anuncios -en colaboración con el director de arte Taku Satoh- que adquieren la silueta de la comida más representativa de Japón, el . Y como invitación a la frescura de su veterana creación de los pliegues, incluye un cono de helado. Una moda seductora, para comer con los ojos. Y para beber, pues también hay copas con un vino plegado, como un origami líquido.

Ropa-sushi diseñada por Issey Miyake. / TASCHEN

Ice-cream x Pleats Please Art Direction: Taku Satoh Design: Shingo Photograph: Yasuaki Yoshinaga © 2012 ISSEY MIYAKE INC.

Copas de 'Pleats Please' © 2012 ISSEY MIYAKE INC.

No es esta la única relación del famoso diseñador con el mundo alimenticio. En 2010 firmó unas botellas de pasarela, una colección de toques florales para la conocida marca de agua mineral Evian.

Diseño de Issey Miyake para las botellas de agua Evian.

Al hilo de esta celebración de los 20 años de los delicados e innovadores pliegues de la ropa de Miyake, la editorial Taschen publica un libro, lleno de atractivas imágenes y con todos los secretos de la producción de Pleats Please. Lo firma Midori Kitamura, presidenta del Miyake Design Studio.

Página del libro sobre Miyake 'Pleats Please', de Midori Kitamura. / TASCHEN

Página del libro sobre Miyake 'Pleats Please', de Midori Kitamura. / TASCHEN

Gastroperiodismo: del papel al tuit

Entrevista a Rosa Rivas, periodista

En el a veces estéril pero necesario debate sobre qué escribimos y adónde vamos en el periodismo, y en el gastroperiodismo, con o sin blogs, conviene reflexionar. Sin chocar, sin que las placas tectónicas de los criterios o las ambiciones personales terminen provocando un tsunami de acusaciones o justificaciones.

Como la responsabilidad, la documentación, la chispa, la ironía y la rapidez -la pasión/necesidad de lo instantáneo- son elementos que no están reñidos con el universo 2.0, es un gusto compartir criterios con otros colegas. Así que aprovecho aquí para dejar constancia de una entrevista realizada por Albert Homo Gastronomicus. Una web en la que hay muchos más ingredientes y más declaraciones interesantes de gastrocolegas, aparte de mi modesta aportación.

Y por aquello de repasar la hemeroteca (jurisprudencia de la comunicación), dejo también otro link de las palabras de Elena Ochoa Foster durante los premios Ortega y Gasset: “El gran periodismo puede hacerse en papel o en Twitter”.

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